Columnas

Innovación escolar

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Es para todos sabido, que estos últimos cuatro años hemos estado en discusiones que no apuntan a mejorar la calidad de la educación, sino a poner en duda las confianzas –lo que paradójicamente no debería suceder si queremos innovar- y en alguna manera  hipotecar lo avanzado hasta ahora.

Innovar en educación, permite anticiparse y adaptarse a las nuevas transformaciones sociales y tecnológicas que han llegado para quedarse. Pues bien, en ese contexto es que en elementos que apunten al desarrollo de la creatividad, mejora de aprendizajes, escasean los  avances, hipotecando el futuro de nuestros niños “millennials”, quienes estarán destinados a convivir en una sociedad que al día de hoy,  en 5 años duplica su conocimiento.

Este nuevo desafío, él que ha sido mencionado, detallado y analizado por varios autores e investigadores –por lo que ahora ya hay que pasar de la teoría a la práctica- requiere cambiar algunos elementos estructurales que se dan al interior de la sala de clases y necesariamente convoca el compromiso de todos los actores relevantes en los aprendizajes de nuestras futuras generaciones. ¿Están los sostenedores –públicos o privados- preparados para ello? ¿Están los profesores comprometidos para ser agentes de cambio permanente? ¿Qué hacen las Universidades e instituciones formadoras de los docentes en este ámbito? ¿El sistema de carrera docente recién aprobado y en vías de implementación responde a aquello? Son preguntas que debemos resolver ahora, inspirándonos en la oportunidad que tenemos frente a nosotros.

Quisiera terminar señalando, que en nuestra región están dadas las condiciones para innovar al interior de cada escuela y a través de ello mejorar los aprendizajes y la formación  de nuestros niños, tenemos un gran potencial que deberíamos alinear para movilizar estas ideas, sobre todo en nivel inicial, quienes son – paradójicamente- los que no marchan ni tampoco van a huelga.

Andrés Carter Pereira

Presidente

REDCOLBIOBIO